Las perforaciones no se realizan en lugares cómodos. Ocurre en desiertos, océanos profundos, tundras heladas y formaciones subterráneas de alta presión. Estos entornos ponen a prueba los límites de los materiales y la maquinaria. Por ejemplo, las plataformas marinas deben soportar la corrosión del agua salada, tormentas violentas y vibraciones constantes. En las regiones árticas, los equipos deben funcionar con fiabilidad a temperaturas bajo cero, donde el metal puede volverse quebradizo y los sistemas hidráulicos pueden congelarse. Estas condiciones exigen diseños especializados, materiales avanzados y un mantenimiento constante.
Los riesgos de incendio y explosión están siempre presentes
El petróleo y el gas son inflamables por naturaleza. Esto significa que todas las operaciones, desde la perforación hasta el refinado, conllevan el riesgo de incendio o explosión. Una sola chispa en el lugar equivocado puede desencadenar un desastre. Las fuentes de ignición pueden ser la electricidad estática, las superficies calientes y los dispositivos eléctricos. Por eso las instalaciones deben seguir estrictas clasificaciones de zonas peligrosas, utilizar equipos a prueba de explosiones e implantar sistemas de seguridad por capas, como detección de gases, paradas de emergencia y extinción de incendios.
La precisión no es negociable
Perforar un pozo no es sólo hacer un agujero en el suelo. Es una operación compleja que requiere alcanzar un objetivo a miles de metros de profundidad, a menudo con una precisión milimétrica. Las desviaciones pueden provocar pozos secos, reventones o daños en las formaciones cercanas. Este nivel de precisión exige sensores avanzados, control de datos en tiempo real y personal altamente cualificado. También significa que incluso los pequeños fallos de los equipos pueden tener consecuencias importantes.
La presión normativa es intensa
Debido a la naturaleza de alto riesgo de la industria del petróleo y el gas, los gobiernos y las agencias medioambientales vigilan de cerca sus actividades. Las empresas deben cumplir una serie de normativas locales e internacionales sobre emisiones, eliminación de residuos, seguridad de los trabajadores y preparación para emergencias. El incumplimiento de estas normas puede dar lugar a cierres, multas o acciones legales. Y el listón sigue subiendo, sobre todo a medida que aumenta el escrutinio público sobre el impacto climático y medioambiental.
En el sector del petróleo y el gas, todo lo que no sea máxima calidad es un lastre
El petróleo y el gas es una industria de altas especificaciones porque tiene que serlo. La combinación de entornos extremos, materiales inflamables, exigencias de precisión y supervisión reglamentaria no deja margen de error. Todos los procesos, todas las personas y todos los equipos deben funcionar al máximo nivel, porque el coste de un fallo se mide en vidas, dólares y daños medioambientales.
La seguridad es lo primero
Las operaciones de petróleo y gas suelen tener lugar en entornos extremos: plataformas marinas, oleoductos de alta presión, procesos químicos volátiles. En estos entornos, los fallos de los equipos pueden ser mortales. La catástrofe de Deepwater Horizon en 2010 es un claro ejemplo. Un preventor de reventones falló, contribuyendo a una explosión que mató a 11 trabajadores y causó uno de los peores desastres medioambientales de la historia. A lo largo de 87 días, el vertido de Deepwater Horizon liberó en el Golfo unos 134 millones de galones de petróleo, lo que equivale a 60.000 barriles diarios. El control de calidad mediante pruebas, inspecciones y certificaciones rigurosas ayuda a garantizar que los equipos funcionen de forma fiable bajo presión, literal y figuradamente.
El tiempo de inactividad es caro
Cuando los equipos se rompen, la producción se detiene. Los periodos de inactividad imprevistos cuestan muy caros a las empresas industriales de la lista Fortune Global 500: más de 1,5 billones de dólares en pérdidas anuales. Esta cifra representa aproximadamente el 11% de sus ingresos anuales totales. Las averías de los equipos no son sucesos raros: son el coste de tomar atajos. Por otro lado, las empresas que invierten en sistemas de gestión de la calidad pueden reducir los costes de mantenimiento hasta un 30% y aumentar el tiempo de actividad entre un 10 y un 15%.
La reputación es difícil de reconstruir
En el sector del petróleo y el gas, los accidentes no sólo causan daños inmediatos, sino que pueden dañar la reputación de una empresa durante décadas.
El accidente nuclear de Three Mile Island de 1979 congeló la construcción de nuevas centrales nucleares en Estados Unidos durante décadas. Tras la catástrofe de Fukushima en 2011, Alemania se comprometió a eliminar por completo su energía nuclear. Estos sucesos muestran cómo un solo incidente puede cambiar la política nacional y la opinión pública.
El sector del petróleo y el gas se enfrenta a riesgos similares. El vertido de Deepwater Horizon costó a BP más de 60.000 millones de dólares en multas, indemnizaciones y limpieza. Pero el peaje financiero fue sólo una parte del daño. La reputación de la empresa, antaño líder en innovación energética, quedó profundamente empañada. Durante años, BP luchó por recuperar la confianza de los reguladores, los inversores y el público.
Una sólida reputación puede reducir los costes de financiación, atraer talento cualificado y facilitar las aprobaciones reglamentarias. Pero cuando ocurre una catástrofe, esa confianza puede desaparecer de la noche a la mañana. Reconstruirlo es lento, caro y a veces imposible.